jueves, 3 de abril de 2014

Violencia

La violencia y el odio no son tabúes de nuestra sociedad, no son frutas prohibidas ni son escondites oscuros donde se ocultan solo los "villanos". La violencia y el odio no es nada de esto, la violencia y el odio son armas que pueden caer en manos de personas con motivos válidos y personas con motivos erróneos. Es por esto que en una de las muchas clausulas del contrato social que hemos firmado (sin saberlo) pone claramente que la violencia solo puede condenarse cuando es del pueblo contra sus gobernantes y no cuando es de los gobernantes contra su pueblo.

Por esto y solo por esto se puede condenar la actuación violenta de ciudadanos en contra del régimen asfixiante que se le impone pero no se puede condenar la actuación violenta del político contra el ciudadano, traducida en opresión a todos los niveles.

"La violencia del ciudadano es un crimen, la violencia del estado es ley".

La violencia nunca ha desaparecido de las relaciones humanas, solo han cambiado las manos con derecho a ejercerla. Negar esto es negar al ser humano, el odio es tan nuestro como el corazón que bombea nuestra sangre.

Es por esto y por muchas otras cosas que reniego de esta raza destructiva, auto-destructiva y vírica y anhelo en el fondo de mi corazón que nuestra existencia sea solo un pestañeo en el infinito tiempo y que, tan rápido como nos hemos desarrollado, caigamos en el mas oscuro abismo para no volver jamás, dejándole este universo desconocido a las criaturas que estén por llegar, aunque quien sabe, lo mismo se convierten en algo igual o peor que nosotros, si es que puede existir algo peor.

Me llamarán muchas cosas por expresar este tipo de ideas, no lo dudo, lo único que me reconforta es el hecho de que aun con todo esto soy muy feliz con mi existencia ¿que paradójico verdad? soy feliz con una existencia de la que reniego.

Un saludo.

jueves, 27 de febrero de 2014

Memorias del Cuervo Rojo: La Trampilla

Fragmentos de "Memorias del Cuervo Rojo" de Rautt Kraka, Capítulo IV: Noisuly, Subcapítulo I: Castillo de Eralion.

Recuerdo aquella portezuela con terrorífica vividez, como si aun estuviese en aquella fría y oscura sala, como si jamás hubiese salido de allí...

La trampilla, de madera negruzca y astillada, se mostraba ante mi en mitad de aquella sala que parecía no tener final, allá donde mirase solo atisbaba la mayor de las negruras, la única luz, proveniente de la portezuela por la que yo había accedido al lugar me permitía ver lo justo de la susodicha trampilla.

En los finos bordes que dejaba la madera con el suelo de piedra se encontraban encajadas monedas de plata formando un cuadrado tenebroso que parecía contener algo que desde luego no debía pertenecer a este mundo, algo malvado que fue encerrado allí hace mucho tiempo y que la persona que consiguió contener decidió tomarse muchas molestias en esconder.

Sobre la madera descansaban símbolos para mi desconocidos, ¿símbolos arcanos quizás? No lo sabía, pero se encontraban allí grabados como el presagio de algo horrible, símbolos que aún sin entender, comprendía a la perfección de algún extraño modo que aun hoy desconozco.

El frío que emanaba de aquella trampilla estaba lejos de ser normal, no solo helaba la piel y los huesos, helaba la mente consciente e inconsciente, se hundía en ti como un puñal que sin llegar a matarte te hacía retorcerte de dolor. Por aquel entonces ya me había enfrentado a enemigos de considerable poder, desde mantícoras hasta furiosos orcos, ¿como podía sentir miedo ante la visión de una simple trampilla?

Fue cuando escuché la voz, rasgada y perdida a la vez que cercana y aterradora, cuando decidi que debía salir de allí de inmediato. 
No recuerdo exactamente las palabras pero el desconocido ser pronunciaba un nombre, un nombre que no se escuchaba en la sala, se escuchaba en mi cabeza, como un susurro despiadado.

Mis compañeros me lanzaron una cuerda para que trepase a la sala superior, dado que no había otra forma de subir. Rápidamente agarré la cuerda decidido a abandonar aquel lugar pero el terror que me paralizaba me impidió agarrarme con firmeza, cayéndome en cuanto di el primer tirón con la mala fortuna de acabar justo encima de la trampilla, soltando algunas de las monedas que la rodeaban.

Un frío aun mayor se apodero de mi, la voz ahora sonaba fuerte y cercana, muy cercana, como Cuervo cuando grazna cerca de mi oído, como un grito en mitad de la noche, como un relámpago desgarrador que arrolla el sagrado silencio del bosque presagiando la lluvia torrencial.

De un salto me incorporé y conseguí trepar por la cuerda, a medida que subía creí escuchar el sonido de mas monedas abandonando su contenedora formación ¿sería solo mi imaginación alimentada por el miedo? Finalmente conseguí llegar a la sala por la que entre, mis compañeros me esperaban y, aceptando mi consejo, nos dedicamos a inspeccionar otras partes del castillo, fuese lo que fuese lo que hubiese allí no quería estar cerca de nuevo.

Pero si estuve cerca de aquel ser en muchas otras ocasiones, aquella fue la noche en la que conocí a Nethiel, mas conocido como Noisuly, el cual iba a acompañarme en mis pesadillas durante muchísimo tiempo.

martes, 18 de febrero de 2014

Bonitas y Oscilantes Luces

Es impresionante la ansiedad con la que nos afanamos en poner solución a problemas que realmente ni han tenido ni tendrán ninguna solución real, es decir, si que tiene "solución" pero ninguna es definitiva, el mismo error es capaz de cometerse una y otra y otra y otra vez y es parte de nuestra herencia evolutiva no saber corregirlo ni a la segunda, ni a la tercera ni a la cuarta vez.

Es solo una de esas muchas cosas que diferencian enormemente al ser humano del resto de especies de este planeta, nuestra conducta mal llamada racional ha desencadenado los errores mas catastróficos de la historia y todo por permanecer fieles a lo que creemos es una muestra de superioridad frente a otros animales, cuando realmente es indicativo de todo lo contrario.

La conciencia sobre nosotros mismos ha abierto la posibilidad de autosugestionarnos, de ocultar con relativo éxito lo que en el fondo todos somos, animales. Un pájaro o un perro es considerado, generalmente, menos libre que un ser humano, puesto que sus actos están determinados por el instinto y no por la razón, muchos podrán decir que no poseen libre albedrío real y que son solo vehículos para sus genes, mi opinión es que se equivocan, no hay mayor libertad que la total ausencia de conocimiento, la ignorancia es libertad. El ser humano, ante una disyuntiva, esta sugestionado no solo por el instinto, que en algunos casos podemos aceptar que es así, si no por una serie de factores tales como el miedo a equivocarse, el ego, la imagen que el resto tiene de nosotros, la imagen que nosotros mismos tenemos de nosotros, nuestras posibilidades de futuro y, entre muchas otras, la búsqueda activa de la felicidad, de la completitud, lo cual quizás sea uno de los factores mas condicionantes a la hora de existir como ser humano.

Esta búsqueda activa de felicidad, con conocimiento de causa, esta ausente en los animales que ni siquiera se plantean -al menos no a este nivel- que implica la felicidad, dado que es un concepto (como el amor o el odio) completamente humanos, creados para  justiciar sentimientos mucho mas simples, como la voluntad reproductiva o el instinto de supervivencia, estos sentimientos elevados reflejan autoconocimiento y reflexión, que como decíamos, son el tipo de cosas que pensamos equívocamente nos hacen mejores que otros seres de este planeta.

Sirva de ejemplo de nuestra exitosa ignorancia las máquinas, esas entidades en las que hemos relegado muchas de las capacidades que en un principio nos pertenecían, si hemos sido creados por una criatura superior, cosa que no vengo a discutir ahora, no cabe duda de que el mismo error conceptual que se cometió en nuestra creación es que hemos cometido nosotros en el enfoque creativo de las máquinas elevadas, entendiendo por máquinas elevadas aquellas con capacidad de cálculo y procesamiento.

Nuestra nueva selva es la ciudad, con asfalto por tierra, semáforos por árboles y bombillas por estrellas, luces que iluminan cada hora del día con magníficos colores. Quizás en los últimos días de vida de esta especie vírica y desdichada echemos la vista atrás y nos demos cuenta de que nuestra mayor aportación a la realidad han sido esas bonitas y oscilantes luces.